Poetas invitados: Eduard Harents


19 Feb
19Feb

Van Gogh se sintió aliviado de su oreja,

porque no la necesitaba:

ya había oído la Genius.

Al-Ma’arri realmente vio tanto,

que luego

los ojos ya no fueron importantes.

Charents* no tuvo tumba,

porque

aún no ha muerto.

Saludo a la gente con mi mano izquierda,

porque con la mano derecha

ya he saludado a Dios…



*Charents, Yeghishe, fue un poeta armenio del siglo xx, y es reconocido como el principal poeta armenio del siglo xx.




***

Este poema,

que me llama padre,

cuyos ojos están llenos de risas sin fin,

repica así en mis momentos de tristeza,

como mi sonrisa

es su juguete perdido…

Siempre gana en todos los juegos,

habla de sus queridas muchachas,

y antes de dormir

me ordena

que le cuente cuentos de

mi infancia…

Y como un tonto otoño

me derrumbo ante este milagro…

Y tomando los gritos de mi hijo en las palmas

me encuentro susurrando:

– Tú mismo eres el cuento, zonzo –

…Y de la alegría

no puedo recordar

ningún cuento de hadas de ninguna manera,

Se ríe de mí

toda la noche-

hasta el amanecer…

Entonces-

el tintineo de la alegría se mantiene entre los párpados-

ingresa a una sagrada siesta.


Si mi canción está durmiendo, – abre sus ojos…


***

Los sueños… Los sueños son las alas del alma,

que vuelan más arriba del alma.


La biografía es solo una sombra del destino:

aparece cuando se queman las luces.


Las confesiones son las mejores jugadas del perdón,

duran más tiempo que el juego.


Y… las preocupaciones son hijas de los regresos

que nacen… antes que los padres…


***

Rojo,     

rojo,

entre sus blasfemias rojas

los colores de los ángeles

llueven de mala gana;

la lluvia está punteando chubascos

en el pavimento de mi alma,

lo que estás

respirando

ahora-

como un amanecer…



EL UNDÉCIMO MANDAMIENTO 


 

Cuando permites que el amor  

se vaya de tu mano, 

aplaude  

a la debilidad de tu alma. 

 

Y al perdón de la luz que voló 

de tus aleros 

aplaude 

con la palma en la mejilla 

de la cual arrancas la flauta del aroma. 

Aplaude a la flauta... 


Una mano aplaude también... 


ANHELO 


La sombra del color 

escala 

las cicatrices del día, 

caminando la serenidad 

de un sueño encontrado. 

 

La flor es el secreto 

de dolor, 

introspectiva sonrisa. 

El vástago nombra el pecado. 

 

Más allá de vendajes personales 

de la oración, 

 

la auto negación de un árbol 

es tan brillante 

como cálidas son las manos 

de noche. 

 

Me estoy congelando... tu nombre. 

                                 


Eduard Harents

Poeta armenio; traductor; profesor de lengua árabe, literatura y estudios árabes; ha publicado cuatro poemarios; sus poemas han sido traducidos al ruso, inglés, francés y árabe. La traducción al español de los seis poemas es de Ricardo Rubio y Alicia Minjarez Ramírez.


19Feb
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