Poemas de Ingleberto S. Robles T.


19 Feb
19Feb

TOMOGRAFÍA DE PEZ BOCARRIBA

 

Besé la clorofila con el sol en tu vientre:

Tenías cerradas todas las puertas

Tus espejos tapados con paños negros

Varias velas amarillas que tu madre

Trataba de mantener encendidas

Utilizando sus manos y sus ojos empañados.


Palpé el abanico brillante de tus alas robustas:

Tenías cerrado el camino que va al Cielo

Con candado las arterias y tus sonrisas

Sellada tu alma con aparatos y pantallas

Las raíces desnudas del otro lado del principio

Trataban de pronunciar tu nombre completo.

Era en vano: te habían cambiado el paisaje

Y ya no sabías si tus hijos eran niños y niñas:

Los tratabas con señales de adulto adulterado.


Busqué la canción del alma para decirte

Que el tiempo era el mismo y la palabra también.

Todo estaba cerrado con gritos y ventanas rajadas.

La sangre estaba coagulada entre los sentimientos

Y ni una sola hoja verde florecía entre el agua

Ni un solo beso florecía en el pan de tus ojos apagados.


Me asomé con paso de animal vencido:

Todo estaba cerrado en la flor de tu plegaria

Que iba muriendo sin luz y sin fuego dulce.

Los cadáveres seguían pasando aquí y allá

Con sus ojos abiertos y su boca amarrada.

Quise  entonces meterme en lama azul

Pero eras un ataúd de entrañas desgarradas

Un ataúd envejecido al morir el día…

 


RESURRECCIÓN EN POS DE SUEÑO


Desde adentro, abismal y pura,

la honda llamarada resucita.

La piel crucificada de cicatrices,

deja escapar el brazo de las banderas,

las antiguas, las que no cayeron,

a pesar de la ignominia y la nieve;

las que han permanecido a media asta,

totalmente bordadas por el llanto amargo,

los gritos de niño, el alba ultrajada.


Los ojos, viejos ojos sin anteojos,

llenos de caminos enmontados,

de cadáveres de cenizas, de soles,

resucitan. casi en el ocaso,

cargados sin cruz ni camposanto;

y la cuenta sigue, con su gran poder,

martirizando los sueños insepultos,

las manos enmudecidas, mutiladas,

sin embargo, pese al embargo,

las ondas y las cerbatanas gritarán

la nueva canción de la esperanza.

 

 

LUZ APARTADA DE LA FLOR

 

Piel estéril como duro calor del desierto

sin voz ni grito ni risa ni espuma dulzarrona

reventó con colibríes muertos de amor sin perdón y sin grises estupefactos.

Toda la canción del arrullo se diluyó en la noche

alargada noche de  estrellas caídas sin alas y sin profecías

toda la angustia y sus latidos oscuros se metieron en ella

fue apartada de la luz por voluntad propia o de los muertos

que no tuvieron flores en sus tumbas

retumbos de tumbas tumbadas del lugar donde debieron estar

crecieron los muertos y las flores jamás aparecieron

estaban apartadas de la luz por pezuñas de alquitrán ardiendo

por garras de petróleo explotando en cámaras de tortura

de ciudades escurridas entre los dedos mutilados

y las cenizas de la comida que ya nos les sirve para nada.


Luz de horizontes coagulados en la sangre

luz de beso en flor de trigo arrinconado en la sombra.

Luz de ahora en adelante para los palos de ciego

y de la costumbre de amar para seguir con vida.

 

 

CAÍDA LIBRE

 

            Te vaciaste,

              en mí,

              aire, brisa, céfiro,

              y partiste.


¡Eclipse total!


Misión cumplida,

Pero…

la vida,

siguió,

siguió

y siguió…

 

 

¡SE FUE ¡

 

¡No puede ser!

     y… fue.

     ¡Se fue!


Se partió la burbuja

como pompa de jabón

     se escapó el aire

     ya no vimos nada más

      que la  chispa de la nada.


Se fue como vino

y… no la vimos más.


Fue breve y leve

entre mis otros ojos.

¿Qué es breve?

¿Cuánto?

¿Qué es leve?

¿Se siente el horizonte

que no nunca apareció?


Sé que no sé.

Se me olvidó sentir

solo siento que lo olvidé todo

y lo siento, lo sé, lo sabré.


¡Ella se fue¡

¡Ya no la vimos más!


No lloramos.

No habíamos aprendido a llorar.      

          (Solo sabíamos de silencio y grito)

          Quizás … ¡no habíamos nacido!

 


LA MANZANA, SÍ, LA MANZANA

 

 La manzana roja de rojos labios abierta,

 de expedientes secretos debajo del viento,

 de antecedentes ambivalentes, talvez congelados.


 La manzana, sí, la manzana, de roja boca sonriente,

 histórica, conjurada, enajenada, pordiosera obstruida.


 Ahora que estás cerca de mí, manzana roja,

 me invade un raro temblor de ombligo,

 un aletear, no de palomillas ni de mariposas, no.

 Me invade un temblor de miedo testicular,

 como si fuera a fugarme hacia el abismo

 o ascender hasta esa estrella roja,

 que nunca he conocido, que no conoceré.


 Entonces me alejo, hecho una Z de pájaros capricornios,

 rumbo hacia otra locura, talvez de celeste vino,

 quizá  tan onírica como mi manzana roja,

 roja manzana de roja boca abierta…




FLOR DE NOSTALGIA DESPENICADA

 

Oficio de poeta antiguo:

Incendiar la tarde de últimos pétalos

con poesía de luciérnagas enloquecidas,

taquicardia amenazante, cigarro encendido.


¡Qué arda la tarde y su crepúsculo!

Qué se quemen todas las nostalgias,

los recuerdos de las flores no acariciadas,

la heridas que se empeñan en sangrar a diario.


¡Por favor, que la tarde se incendie toda!

Quiero ver, palpar, saborear sus cenizas;

entrar en la noche sin imágenes amargas,

flores de papel molido por los que nunca sueñan.


¡Incendio toda la tarde y sus pinos oscuros!

Me convierto en pirómano poético a deshora.

En la noche, quizás en la noche aumentada,

encontraré la razón de los incendios.


Por ahora, en este momento desvestido,

abro de par en par los ojos de mis alas

y te miro en la distancia de mar y cielo,

con nostalgia, tristeza y temores nuevos,

como un pobre ganso que quiere ser águila.


Un ánade que jamás ha salido de su estanque,

por más que a su alrededor florezcan rosas,

jazmines, amarantos y estrellas inmortales.


Nada existe en ti que yo no recuerde:…

la forma solemne de haberme dicho adiós,

adiós para siempre, para siempre adiós.

 

 

 


LOS CAMINOS QUE NO SE ABREN



Bullicio de alcaravanes sangrando,

pitos de agua escarnecidos,

lamentos silenciosos,

silencioso llanto.

a la deriva,

la rosa en el ojal,

el último poema,

el pañuelo rojo

con muchos nudos.


Huellas,

sales de pleamar olvidadas,

para resucitar con amoniaco,

el cerebelo por resacas bohemias:

sugestión de marinero,

risas desnudas de bocas envilecidas.

¡Al cuerno blanco del rinoceronte negro!


Persistencia de obsidiana, 

de cuarzo primigenio;

abolladuras

insensateces

escaldaduras

rociadas con ácido muriático,

alas que jamás supieron

de aire, cielo, sueños.

Bellaco y tartamudo,

el soneto olvidado,

la medalla adulterada,

hecha hollín y cieno,

en el rincón oscuro

donde el corazón

depositó el último estertor

de la esperanza decapitada.

¡No se pudo, no se pudo

abrir el camino hacia tu sangre!


Cuadratura del círculo,

valor del cero como divisor,

pronombres que esconden

la efímera violeta

de tu nombre.

In seguridad de las manos

para labrar el surco desparramado,

espinas, espinas, ESPINOTAS,

de ixcanal, de cacto,

a veces de rosas huérfanas de luz;,

desgastado,

agotado,

irritado,

porque esa ventana,

tu ventana de girasoles al revés,

jamás se abrió,

ni con el alba,

ni con los pájaros,

ni siquiera,

con la música de mi sangre.


Candados, cerrojos,

puentes rotos,

estulticia de besos y caricias,

prostituidas, sin permiso,

ni del cielo ni de la tierra.

Ahí, sin luz,

ahí, sin rescoldos,

ahí, sin semillas,

solo risas insolentes,

esperando a la noche,

como si fuera la salvación

para aprender a ser…


Hiel y miel,

como binomio indisoluble,

unas veces dadas con el dedo,

otras con la lengua entorchada:

pasión de la pasión,

casi podrida,

casi invisible,

la beatitud

de la palabra.


Siempre el circo,

de Roma o de los fustanes,

almidonados unos,

invisibles, la mayoría;

carcajadas insolentes,

raspaduras,

cicatrices empeñadas en sangrar,

sobre insepultos cementerios;

huesos corroídos,

músculos colgando,

prótesis arriba y abajo,

zapatos rotos,

sombrero agujereado

por soles que no llegaron,

a tus ojos,

a tu pebetero,

a la caja de música,

donde sigues bailando,

el son que te toquen,

muda

ajena

al obsequio

de mi silencioso camino.

¡No se abrió el camino!

Solo…

fosas

pozos,

zanjas,

barrancos,

abismos..

¡Para qué les cuento

si ustedes

y usted

y usted,

no están para reírse!

 

 

LA LÚGUBRE NOCHE DE LAS SEMENTERAS


Hay noches largas, largas,

que se extienden todo el día,

con sus crespones negros y sus silencios,

los avisos inteligibles, sus escaleras,

donde no se puede subir,

solo sirven para bajar, bajar,

hasta más allá del fondo,

de cualquier abismo insospechado.


Ni por asomo, una luciérnaga,

un llamita, una copita de vino auroral,

solo la alternancia bicéfala,

de silencios y voces ocultas,

que uno no sabe bien,

si vienen de adentro

o llegan de afuera…


La sementera del poeta solitario,

encanece, segundo a segundo,

como si ya no tuviera raíces,

ni fotografías, ni pinturas,

ni ganas de nada, de palabras, de alas,

solo de los cárdenos recuerdos insólitos,

de haber podido ser y no haber sido,

como un anhelo de ingenuidad,

que avestruzmente , todavía verde,

se esfumó en suspiros y lágrimas primarias.


Para esas noches lúgubres, enlutadas,

las sementeras no existen ya,

al menos que florezca otra vez,

una y otra vez, solo una vez,

el último rescoldo del primer beso,

el árbol de las manos, el amor del fuego,

de un abrazo, de una mirada,

de una almohada compartida.


Esas noches largas, largas,

anulan todos los caminos,

silencian a todas las guitarras,

anulan el tibio sentido de la carne,

el frutecido hamaquear de dos cuerpos,

acariciados por cuatro manos,

mirados por cuatro ojos,

titubeando, malintencionadamente,

como si se quisiese romper todas las ánforas,

la síntesis filosófica de la existencia…


¡Ah la noche lúgubre de las sementeras!

Y no es que uno sea escatológico,

de tiempo completo o de tiempo total,

ni mucho menos que esté encarcelado,

por las arañas de la depresión,

No, ¡qué va!,

solo es una expresión de la rosa,

que aunque uno no quiera,

se va marchitando poco a poco,

sin adioses, sin primaveras nuevas,

hasta desaparecer totalmente,

aunque los gallos anuncien alegres,

que otro día llegó para quedarse.

 

 

ESTA SOLEDAD INMENSA

 

La inmensa soledad

de estos últimos pasos,

me obliga a conocer, fríamente,

el vuelo gris del olvido,

la razón del asombro y la duda,

la pregunta que jamás me hiciste:

¿Era necesario mi amor en tu existencia

o solo era un aletear de pájaro moribundo?

 

 

NO SÉ QUE SÉ


El camino ahogándose entre la maleza sin verse

al lado bendiciendo la dicha de ser él y nada más.

La alambrada de espinas aun llenas de sangre

un niño camina al revés y no se sabe por qué

todo es ansiedad derretida bajo el sol asombrado

y. tú, apoltronada, sin que sepas qué,

cómo, cuándo, dónde, estarás en un segundo.


Cada quien tiene el lampo neutro de la espacialidad

porque tenemos nuestro espacio y sus coordenadas:

Lo que está arriba está abajo y lo que está a la derecha

muchas veces no está sino solo en la izquierda.


Cosecha el punto donde se cruzan los puentes

el punto de luz silencio o grito y oscuridad;

cada quien tiene su espacio y es inexpugnable

¿O fuiste vulnerada para siempre rosa de olor azul

y color de mañanas que aún no están preparadas.


El día se adelanta según cada quien es sometido

a bregar entre comida, sueño y uno que otro eructo,

bajando y subiendo sin saber para qué

lee libros que no saben lo que el lector sabía

ese que no escribió jamás sólo en sueños en sueños nada más.



NACIDA ENTRE LA PEÑA

 

Peñaflor ----------peña en flor

flor de peña-------empeñada flor

pensando en flor------- despeñado amor


Un bisturí para llegar hasta el veneno

no valen besos ni en flor de peña

ni orgasmos a deshora del círculo puro,

no deseables por el exceso de canícula

o el fenómeno que oculta la esencia y la pierde.


Pena en florecimiento de empeño.

Las piedras ruedan y otras chocan

Y se quedan en el espacio sin tiempo.


Nada es absolutamente cierto ni ambivalente

todo se despeña en pena larga pena

los cuchillos son perseguidos por las sombras

caballos con jinetes sin cabeza

mientras tanto te recuestas toda en mi

al parecer no fue suficiente mi hombro

ni a mí me pareció tu llanto suficiente.


Por qué sonrojarse si no entiendes

cuánta miel hay en tu orquídea

cuántos sueños se llevó el río refrescante corpiño,

que no tienen oportunidad las arañas en tu ombligo:

Está cerrado, marchamado tu laberinto

y no hay modelo ni patrón que los distraiga

todo es grito dulce y eco de montaña herida.

¡Todo es pesadilla de sol a media noche!

¡Florecida sangre que se quedó a medio hervir!

 

                          


Ingleberto S. Robles T.

Poeta guatemalteco

Los espacios del fuego (Guatemala: Esger Editorial, 2019)

Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana (AVPL)

19Feb
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