Crítica Literaria: Por Salvatore Amauta


19 Feb
19Feb

Crítica Literaria: Poemálica escritural de Edgardo Sánchez


Gozo del privilegio en plasmar la crítica pertinente a la obra poética del poeta Edgardo Sánchez, oriundo de tierras gauchas, específicamente de la ciudad del Mar del Plata, y a la vez, acérrimo hincha del Boca Juniors. Integrante desde hace buen tiempo, de la entidad luminosa y literaria ( AVPL), cuyas siglas declaran, a la Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana en total vigencia. Integra también el Grupo de Poetas y Poesía Lírica Emergentes Tu Voz (GPPLETV) la misma que refulge, gracias al liderazgo del bardo y ensayista George Reyes.

   Colaborador permanente de distintos suplementos literarios, siendo condecorado en varios certámenes a nivel nacional e internacional, resultando sus poemas, publicados en antologías del círculo de escritores marplatenses y de la provincia de Buenos Aires.  Otearemos el andamiaje bien cohesionado del trabajo poético, destacando a Sánchez, como un gran cultivador de la poesía tradicional clásica en cuanto a una serie de interesantes sonetos que ha publicado. No obstante, también el vate poetiza utilizando una prosa libre, y sentimentalmente profunda.  

      Sánchez, para quien ha adoptado una actitud humanizante, mediante la poesía que versifica con empeño y propiedad, y exponiendo las fibras más sensibles que lo suelen vestir de cuerpo entero, continúa ofreciendo a sus asiduos lectores, este rasgo en proceso de extinción. Pues, es este don, inherente en todo artista de la palabra, la que, les permite tomar conciencia con la semilla de los contenidos de su obra. 

       El poeta embellece por medio de su lenguaje, lo escrito, empoderándose de una óptica personalizada de ver el mundo, misteriosamente usando sentidos extrasensoriales, es decir, se va poniendo de manifiesto, su propio estilo. Y no es ajeno, al abanico de diversidad cultural que a menudo, le circunda, considerando que es, un romántico viajero, y por naturaleza, le permite esbozar poesía con alto grado de sensibilidad.

    Partiendo de estos preceptos fundamentales que observo del poeta Edgardo Sánchez, cito el soneto “El Rostro del Mendigo”, el cual le permite, desnudar la selva de concreto, para geolocalizar a hombres y mujeres, mendigando desde cualquier arista de una metrópolis convulsa, ahí, donde ese universo agreste, cohabitado por salvajes de carne y hueso, distan años luz para poder etiquetarlos de seres humanos.

   Desde una interpretación personal, el poeta, busca llamarnos poderosamente la atención, destacando un mensaje entre paréntesis y debajo del título: (La ceguera común de quienes habitamos un espacio de propiedad horizontal). Loable forma de exhortar con su voz poética y a modo introductorio, la displicencia, con los que los hombres lanzan dardos de desprecio a estas personas, producto de una injusta sociedad.

EL ROSTRO DEL MENDIGO 

(La ceguera común de quienes habitamos un espacio de propiedad horizontal)

Sobrevivir sin sol es mi castigo                                

en la ladera sur de un edificio                                    

de concreto, vecino al precipicio                              

opaca geografía que maldigo.                                   

Temeroso del juicio del testigo                                     

esperando sin más un armisticio                                 

cautivo del portero, no acaricio

ni puedo ver el rostro del mendigo.

Aquél, que en los llamados de la siesta

detiene el corazón por un instante

al recoger migajas o fracasos.

hoy se quedó dormida mi respuesta

abrazada a la espalda del desplante

y     fue mi padre quien tornó sus pasos.

 

    Otra perspectiva del poeta Sánchez, con la cual extrae de la bóveda de sus recuerdos, es la de aspirarlos, por así decirlo, desmenuzándolos, como figuras, imágenes, voces audibles, y ecos con la nitidez posible, para narrarlos mentalmente. El objetivo es revivir con su nutritiva prosa, la etapa de infancia, dando la impresión que un especialista nos practicase una regresión hipnótica. El poeta está convencido, que no todo en la vida es color carmesí y que las etapas evolutivas del ser humano, incluyendo la escolar ha impactado, para hacer de sus textos, aún más iluminados.

   En parejas, grupos homogéneos y mixtos, las travesuras entre sus manos, estuvieron a la orden del día. Pero, las rencillas, las discusiones acaloradas, eran parte de la oración matutina, incluso, antes de ingresar a las aulas. Estas vicisitudes que más tarde, fueron canjeando por sonrisas que pululaban como luciérnagas, las retoma para versar tan sutilmente y de seguro, leyendo historias de Mafalda y Condorito. El rapsoda Edgardo, desea enfatizar, que en nuestro mundo interno, habita un inquieto niño, que después de discutir y con la paz en sus labios, van relatando escenas de ficción, aventura, situaciones anecdóticas que acarrea sonrisas por doquier. Incluso las historias de terror, no se quedaban atrás.  Bastante más impresionante, resulta ser, que años más tarde, y luciendo sus cabellos plateados, casi escasos, y la piel agrietada, se reúnen para seguir refrescándose las memorias, quizá con una copa de vino tinto, o grados de alcohol más fuerte en su contenido.

   La fluidez imaginaria del poeta Sánchez es digna de admirar, conteniendo tiempos inexorables, para enlazar términos afines, en ese cuerpo encantador de la princesa poética, que lleva por nombre:

             EL CUENTO     


El niño ha abandonado ya sus piernas                                     

todas las noches junto a los zapatos, dialogan susurrando

del juego de la tarde, la vertical perdida, las andadas.

Se echan la culpa y a pesar de todo

mañana serán socios del cielo en la rayuela.

Sobre la cama, el hijo, prescinde de las manos,

Ni ademanes, ni pasos hacen falta para llamar al cuento,

Solo los labios quietos y el aliento dirigido a la puerta

a que ingrese la magia del relato. 

Entonces es que olvida la carrera frustrada, su bicicleta rota

las ecuaciones menos agobiantes

que el teorema intrincado de un tal Thales

con que, lo convidaron en la escuela.

“Érase una vez”…

cómo sin darse cuenta, irá creciendo

y será parte de su contingencia

atravesando duendes y peldaños

desde la levedad de sus pisadas

hasta el hombre que mana su vertiente

para anegar la noche y descubrirse ya de madrugada

dueño y esclavo, al fin, de su relato.


     Dicen que la praxis hace al maestro, y no me cabe la menor duda, al toparme con otra composición poética del vate Sánchez, la cual describe con sutileza. Una beldad desplegada en cada estrofa y en consonancia con un numen, que va dejando en carne viva, su inquieto espíritu viajero. Deja transparentar, que en su vientre, pueden dormitar plácidamente los versos que le quitan el sueño a medianoche.

    Sueños que precisamente, son los que hoy en día, han sido objeto de análisis por su propio SER METAFÓRICO, y que, aprovechando ese instante meditabundo, el poeta, los va registrando. Los revisa, los posiciona de cabeza, corrige sus defectos, como si se tratase de seres angelicales. La meta de todo este natural proceso, es imantar la atención de sus lectores asiduos, que desde cualquier punto geográfico están prestos a 

culturizarse. En ese contexto, la prosa de lenguaje sencillo, en el poema: Flores sobre los Ojos, eclosiona a partir de la cosmovisión del autor, con la cual, pretende a la distancia, fortalecer lazos culturales y de amicalidad en términos humanizantes, y sobre todo, inherentes a la misticidad de la muerte.

   Tan bien figurado, aparecen descritas las féminas difuntas hindúes, las que, postradas en su lecho, reciben alrededor de sus orbiculares, diseños policromados de flores, incluyendo las frescas. Vale decir, se las tatúan en torno a los ojos. Sánchez, respetuoso del arte costumbrista de los horizontes que acogió a Buda, valora dichas imágenes que resaltan la belleza femenina, aunque, ya no perciba más lágrimas brotar de sus córneas, pero, que finalmente la vertiente del Ganges milenario, acopiara aquellas pelvis femeninas.

 

FLORES SOBRE LOS OJOS  

Hay una moda

que se propaga entre jóvenes de occidente:

la de adornar sus ojos con diseños florales

y es creciente este uso

como un río de esplendor y vanidades

sin embargo,

la técnica de aplicación

reniega del llanto que desluce el maquillaje.

En la India,

donde el mármol es para pocos

las familias despiden a sus muertos

colocándoles flores en los ojos

y en la resignación, no hay lágrimas.

El Ganges suele ser la sepultura

su transcurrir sin pausa,

un murmullo de cauce milenario

sobre el pesar

descalzo de los deudos,

llora por ellos.


    Todo poeta que va transitando en esta atmósfera literaria, tiene la posibilidad de ir percibiéndola de distinta óptica, y Sánchez, no es ajeno a este proceso, y en esa direccionalidad, su poesía tiende, sin lugar a duda, a mejorar.  Por eso, en ocasiones, no es relevante escudriñar inmensas obras alusivas a realidades netamente amorosas o idílicas. Este arte en mención que gusta a muchos, y en especial, la prosa de Edgardo, nos recita oralmente en su edificación poética el valor de la amistad y la percepción ultra sensorial, de un ser canino del cual este hacía gala. Por supuesto, que  en los tiempos actuales, está muy afectada por cuestiones religiosas  y preventivas, pandémicamente hablando.

    La amistad, como una de las relaciones interpersonales que fortalece la socialización de los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, es un elemento característico que el vate Sánchez, desea transmitir mediante lo poetizado en su obra. Es preciso destacar en este poema, el contenido de matiz sobrenatural que gira en torno al can, como un segundo protagonista. Verdad, él, se propone, para que su espíritu en un sentido figurado, canalice esa obra de arte prosística, para volver a nacer de nuevo.

   He ahí que, mediante este soneto, Edgardo, clarifica otra cualidad literaria con tanta energía que le asigna para dinamizarla. Valgan verdades, el poeta aplica una rigurosa observación del ámbito que le rodea. Y no dudo, que desde tiempos antiquísimos, hablar de esta temática era contraproducente, porque las catervas mundanas, yacían estigmatizadas por la guillotina de la santa inquisición. Los temas místicos estaban prohibidos. El aedo Sánchez, dedica los versos siguientes in memoriam a su amiguérrimo Juan Arrieta, y es que seguramente charlaron, de sus menesteres y de hecho, anécdotas propias de su edad. Probablemente ambos ciudadanos del mundo, les gustaba sintonizarse  con las leyes metafísicas del arte poemálico,[1] maravillándose con la dimensión del universo.  

   Este fenómeno mistérico ha calado hondo en el poeta Edgardo, y en otros narradores eximios, de tal manera, que les ha permitido enfocarse en el fenecer de lo corpóreo y la ascensión del alma. Por eso, empleando este poema, Sánchez, transfigura en sus letras, la capacidad del perruno, el amigo fiel, en explorar el más allá. Es increíble el grado de simpatía que pueden establecer el hombre y uno de los animales más fieles del planeta, y esto rescata el poeta, cuya prosa, detalla la partida de esa gran amistad a un cosmos poético y dimensionalmente ignoto. Este poema puede desfibrilar el alma detallándonos los pasajes, con los cuales, solían disfrutar al aire fresco libre de estrés, y que cierto día no volvió a verlo jamás, a causa de un accidente. Ahora la mascota acostumbra a olfatear las estrechas arterias, por donde ambos disfrutaban del mundo, y en consonancia con la sensible caja torácica del poeta Sánchez, nos deleitamos a través de su poesía:

LA CARICIA AUSENTE 

(A Juan Arrieta, in memoriam) 

Sujeto a la correa y al latido

cansado, con el perro de saeta

recorrías las calles de un planeta

en caricia y mascota sostenido.

Mas una tarde de paseo herido

por el filo abismal de la cuneta

el reloj a las siete dio a retreta

y solamente regresó el ladrido.

Cuentan que desde entonces, no hay asunto

se resiste a comer, buscando en vano

desde el umbral atisba, y se voltea.

  Pero en las tardes a las siete en punto


tu perro ladra, Juan por esa mano

que se durmió al final de la correa.


      Bajo esta temática de criticidad poemática y amparados en las fibras sensibles del vate de nacionalidad argentina, prosigo admirando el gesto artístico escritural para referirme a otro aspecto relevante, que este hermano, abarca.

    En esta oportunidad y aplicando la hermenéutica al último lienzo poético que tengo frente a mí, he notado otro rasgo sui géneris en el poeta. Y es la forma, que ha ido adoptando idílicamente, haciendo una praxis constante con la vida profesional, para lo cual fue preparado. Sánchez, exacerba, no solamente la piel de este globo terráqueo para asentar firmemente sus pasos incólumes, sino también, en la búsqueda de vestigios osamentarios que le permiten inclinarse y adoptar una postura de reverencia, y por supuesto, diría él, porque de ellos estamos formados. Es verdad que el contenido prosístico del siguiente poema, viene avalado por una sólida trayectoria, ya que su matriz poética, incluso nos trae a memoria que, de varios pares de costillas estamos integrados.

   El estilo de Sánchez que explaya, ilustrado con los dedos de su pulso, es factor clave que reactiva la poetización a la cual nos tiene acostumbrados, dicho de otro modo, el vate ha heredado esa vena poética que discurre y traspasa su alma, y que, a la vez, da pie, a prosar perennemente con una multicolor exposición de metáforas, las cuales me atrevo a concebirlas como un torbellino de gran despliegue rítmico. Naturalmente que esto embellece consecuentemente su producción versística. Edgardo Sánchez, hijo pródigo de una de las grandes latitudes del país gaucho y concebido bajo la brisa de las alturas cordilleranas, estampa su sello en el poema Eslabón Perdido, donde en efecto, resalta el por qué goza de su oficio, de la preparación académica que, entre sus líneas en prosa, dejase notar tremendamente. 

   Cuan y tan recalcitrante es para el poeta las excavaciones e investigaciones afines a su destreza profesional, que le causa admiración por los vestigios de aquellos seres que existieron, incluso, antes de la aparición del hombre. En ese contexto, Edgardo anhela con ello exhibir en su verbo, esa línea generacional de la paleontología que ha heredado. Y es que, misteriosamente la ilación de sus versos, adopta mediante la dormitación, un parnaso de huesos que en un despliegue fantasmal van tomando forma y trastocan su espíritu literario, encantándolo también, para escribir finalmente los versos de este poema con perfume a tuétanos.  

       Finalmente esta crítica especial al poeta Edgardo Sánchez, me ha permitido destacar el sub género de su poesía en cuanto al soneto como lírica menor, pero, a base de un discurso fino y enfocado a la temática o aspecto social. Recordemos que el ritmo sonetista brilla inherentemente con musicalidad a nuestros sentidos, en ese contexto, la estructura o métrica de su poesía referida al soneto, vibra por sí sola al facilitarle la expresión de una serie de sentimientos encontrados con total libertad.

     El estilo literario de Sánchez varía según las circunstancias, pasando del soneto clásico lírico con un compromiso de corte social a su poesía libre que goza de igual modo de un ritmo característico e intermitente, lo que nos permite etiquetarlo como un ritmo imperfecto, constituyéndose en el ingrediente plus o cualidad distintiva en la difusión innovadora de nuestra vanguardia poética.     

ESLABÓN PERDIDO  

          

Solo abrevé de a sorbos en la ciencia, /

paleontología me resulta hasta difícil de pronunciar, /

sin embargo, /

me maravilla ese andar, en busca de la historia, /

de los seres vivientes/

Allá, una excavación, un resquicio, una huella, /

la curvatura de un fósil /

que marca homo erectus, /

sapiens, Neanderthal, homínido…/

Acá mis cosas, nunca fueron remotas, /

padre, abuelo y el resto de los huesos/

perdidos en la noche de los tiempos. /

Hijos que me miraron bien erguido/

levantando sus brazos al naciente/

ahora suelen/

tomarme de la mano con misericordia. /

A veces escudriño la verdad, la belleza/

con elementos tan imaginarios/

y como tal esquivos, sorprendentes, /

un hilvanar palabras que me exceden /

dispersas por doquier. /

El eslabón perdido /

se oculta como un verso inacabado.


Salvatore Amauta (César Salvador Encalada)

Poeta peruano; miembro de los grupos literarios Pensamiento Profano  y

Grupo de Poetas y Poesía Lírica Emergentes Tu Voz (GPPLETV)          

   

 


1 Resalto la aclaración sobre el uso de  mis neologismos: el femenino “poemálica”, usado en el título, y el masculino “poemálico”  usado en este contexto. Con ambos me refiero a una colección de poemas bajo proceso de análisis hermenéutico literario.

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