Crítica literaria: “Poética de Cecilia Ortiz”


19 Nov
19Nov

LA POESÍA DE CECILIA ORTIZ: UNA BREVE MIRADA


        El siguiente verso de la  poeta chilena Stella Díaz Varín (1992, p. 5):   “Una sola será mi lucha y mi triunfo; encontrar la palabra escondida…” sirva de entrada para referirnos a la escritura de la poeta argentina Cecilia Ortiz, homenajeada por el Grupo de Poetas y Poesía Lírica Emergentes Tu Voz, el cual le dedica el cuarto número de su antología anual. Como parte de este homenaje, me es muy grato aportar una breve mirada crítica sobre la poesía de la poeta en mención, una de las más destacadas voces de la poesía latinoamericana actual y destacada integrante de la Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana (AVPL) y del Grupo de Poetas y Poesía Lírica Emergentes Tu Voz (en el cual ella es Miembro de Honor 2019), fundado y presididos por el poeta y ensayista ecuatoriano-mexicano George Reyes. Repasaremos algunos fragmentos de su obra poética, a fin de mostrar al menos un elemento constituyente de esta obra, que esté omnipresente en su totalidad.

1.    La palabra poética como elemento omnipresente

       Según J. Bucher (1996, p. 15), Heidegger postulaba que: “pensamiento y poesía pertenecían al mismo orden”,  postulado que bien puede aplicarse a la poesía de Cecilia Ortiz; poeta quien le otorga a la palabra poética un lugar central justamente por esa afinidad consustancial con el pensamiento.  La palabra poética, entonces, es tematización de sí misma e instrumento espiritual para establecer una teleología: 

Dejo caer palabras/ en el día que aún no nace/ y vaticinan mis letras enlazadas.

       La palabra poética, depositaria de un sentido trascendente, permite que desde ella, hacia ella, y por ella, se acceda a fundar y a refundar mundos posibles; y esto a través de formas reales e imaginarias, develando ciertos contenidos de la experiencia, mediante el proceso metafórico, así la experiencia como se sabe, se transfigura en el poema:

El paisaje/ se abre hasta el horizonte/ y por dentro de mis ojos/que/ deslumbrados/no encuentran palabras/ para ofrecerle a la boca.

       Esa palabra, que se busca, que no se encuentra a veces, en los ámbitos de los sentidos, pero que está allí para aprehender la realidad y sus expansiones y para fundar “lo permanente” como decía el poeta alemán Friedrich Holderlin (1977, p. 20):

  Levanto cada palabra/ Despacio. 

       A veces, la palabra no es encontrada, porque ya el paisaje y las cosas han hecho pura palabra la individualidad de la poeta, que remitiéndose a sí misma capta una vislumbre de autoconciencia poética: 

El paisaje me hace palabra/ (revela historias de amor y otras)/ y hablo con una voz sin fin.

       Esa voz sin fin, esa voz como aquel “Rayo que no cesa”, del poeta español Miguel Hernández, pone de manifiesto cómo la palabra poética no necesariamente refleja lo real, entendiendo la realidad como una entidad más, sino que realiza como definía el poeta chileno Enrique Lihn (Fuenzalida,  2005, p. 11) “una significación en la realidad del lenguaje”:

Me cubre de lenguaje/ esencias/ aire de siglos/ y soy noche rumbo al milagro/a la luz trascendente/ al horizonte/ que se aleja siempre. 

      Cubierta entonces de lenguaje, es decir, de esencia, y comulgando con ese cuerpo verbal que es ella misma, la poeta se encamina hacia un horizonte de vida y de muerte a la vez:

Espero sentir/ latidos de palabras/por sobre mi piel.

      La poeta espera el latido de la palabra, para volcar hipermetafóricamente en ella su expresión inmediata:

Júbilo del sol/ semillas de poemas/ todas las voces./Es una llave/ que se expande sola./ Hablemos siempre.


2.    La palabra poética como guardiana de lo sagrado


        La palabra, la voz, y finalmente el poema, forman parte de un solo cuerpo verbal, que se fusiona con el pensamiento. Es una  fusión que se pone de relieve en todos estos textos, evitando caer tanto en una objetividad deshumanizada como en un exceso de subjetividad, (aunque diríamos que todos estos textos están enmarcados dentro de una subjetividad inocente); y allí en ese hablar siempre, allí en la realización verbal del texto, la poeta maneja intuición y expresión a la vez, configurando aquella devoción, confianza, creencia, amparo y seguridad que le concede su propia voz, definida finalmente como su propia guardiana:


Guardiana mi voz/ cubre la intimidad/ de lo sagrado.


3.    Conclusión


     Como ya lo hemos expuesto, en los diversos fragmentos que comentamos, concluimos que la palabra poética de Cecilia   —no solamente la palabra en su función lingüística y nominal, sino también en su función poética—  es la que es parte de un reconocimiento esencial, por cuanto la poeta Cecilia Ortiz la habita como unidad espiritual. La palabra es, entonces, su fundamento y confirmación de lo existente. De esta forma la poeta objetiviza una interioridad y nos muestra que es ella misma quien deviene palabra en su sistema enunciativo.   

  

 A continuación algunos poemas de la poeta: 



VENAS DEL PLANETA


Las venas del planeta -sin herencia- con lágrimas 

me visten con retazos de marchitos días

soy guardiana de sueños invertidos y sumas al rojo

-aún no encuentro como eludir este desorden- 

hiervo  todo (borbotones de nada escapan veloces)

tapo mi boca y nariz 

lavo agudamente mis manos (evito otra Babel)

esta  travesía insólita me divide en tres

tres blancas partes y sigo unida a mí- eso creo-


Las venas del planeta se revisten de angustia

el mar es un sollozo quieto (no comprende

dónde ha quedado el mapa de sus costas)

Mis manos se ahogan ahogan ahogan  

en su intento de evadir la agreste corona.

Me sostengo de una canción sin letra y lejana

-tres canciones nuevas se abren para mí-

llega otra noche 

luna de sangre vaciada luna de abrazos sin destino

luna

deposita luz sin brillo en mi insomnio trasnochado 

-galerías de espejos batallan con el huésped

que devora sueños- 


Las venas del planeta me envuelven -rápidas-

cierro tres puertas y lavo mis ahogadas manos

miro - busco - rebusco 

nadie camina por el largo y tortuoso silencio.

Un pájaro nace en mi cerrada ventana. Me mira.



RENACER


Mis palabras nublan el camino que desando

busco lo que perdí cuando era distinta

en esta paradoja de traidores mini seres 

y el corazón bogaba con los ojos abiertos.


Me ahoga el polen ronco y desmemoriado 

me desvelo y caigo antes que amanezca

¿la vida es hoy... es hoy... es hoy?

de mi bolsillo izquierdo escapan preguntas.


Me visto en secreto para cultivar rosas

rosas de fuego que aniquilen el invasor

rosas medulares que entumezcan su nombre.

Rosas que alimenten la fe de no extinguirnos.


Este no es mi tiempo no es tu tiempo no es 

hubo un tiempo un nombre un espacio

al que vuelvo cada día cada día cada día.

Es la señal cuando el cielo es promesa de vida.


Resistiremos hermanos. Sí resistiremos 

somos puro instinto para renacer desde una roca.



NUEVA AURORA


No quedaremos a oscuras por este infortunio

que ha enturbiado el umbral de cada amanecer

y atosiga gargantas con relámpagos azules


es mucha noche para transitar a solas>

Se van lejos mis gestos como río desbordado

entretejo plegarias fatiga aire otoño almíbar 

con tiempo sano -que resista nuestra vida- 

para ser un canto que se torna arco iris

y estimula a vencer pesadumbres de otro feudo.

Soy habitante del planeta 

con otros y otros y otros es este inflexible lapso>

anhelaré con los que se unan a esta cruzada 

que volvamos a ser corazones colmados

sin áridas distancias 

porque somos esa raza que no oscureció.


Testigos en busca de su nuevo destino. 

Huéspedes en la magnánima aurora.


ALEGORÍA


Fui       volcán arrojando su lava 

antes de ser animal salvaje

    o noble árbol entre fuego y embrujo.

Antes   de abandonar la noche

    y dejar escrita esa palabra/canción

    desde un país sin gestos compartidos.

Me retiene como lazo como dura armazón 

    que pliega mi obediencia 

-me aferro como un náufrago al madero-

sobre el abismo/océano

juego a perderme en olas de mí misma.

    No celebro silencios

comienza un mudo engarce de visiones

abren y fuerzan cerraduras

    disimulan

bordes en el atardecer de oro 

    en línea recta antes del cielo.

Me disfraza en traslúcido episodio

apaga fulgores de la inesperada tormenta

    corroe mis indefensos pies heridos.

Arde    el vehemente recuerdo

me libera y ata    -no deja que mire atrás- 

    es ronda en el escalofrío de la memoria.


Arde   es lámpara con anuncios de porvenir 

           en este día que busco   lo que no está.


ES HORA


Los andenes tiesos custodian 

    la penumbra del poema

    la vigilia en la médula del tiempo

    el talismán testigo de miradas

evoco- descubro- oscilo

vibra mi espécimen 

dialogando sobre terraplenes

soy tren amordazado al acecho

    

 

Mi corazón se inclina (vaivén).  

a ras de un aire sin aire

hierro es mi piel sin relojes 

ni alfabetos.

Ya es hora de capturar el viento

    descarrilar en la búsqueda

tener voz -volver a ser yo-

sin quebrantar certezas

sobre la hojarasca roja 

    del otoño.


Los andenes tiesos son testigo

es hora de congeniar mi garganta

en una nueva voz -volver a ser yo.



Rodrigo Verdugo

Poeta chileno; Miembro del Directorio de Periodistas Escritores y Narradores (PEN Chile) 

Miembro de la Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana (AVPL).




Referencias


Bucher, J. (1996). La experiencia y la palabra en Heidegger. Bogotá, Colombia: Ed. Ariel.

Díaz Varín, S. (1992). Los dones previsibles. Santiago de Chile: Ed. Cuarto Propio. 

Fuenzalida, D. (2005). Enrique Lihn, entrevistas. Santiago de Chile: ED. JC Sáez.

Holderlin, F. (1977). Poesía completa. Madrid, España: Ediciones 29/Libros Río Nuevo.


19Nov
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