11 Mar
11Mar

POETAS INVITADOS

 

Poeta cubano, residente en Miami, Estados Unidos de Norteamérica. Ha publicado el libro de relatos: Crónicas aldeanas (2011) y su versión en inglés A Tale of Two Villages (2012). Sus poemarios publicados son La cosecha (2013), El ojo de la gaviota (2015), Los cuervos y la infamia (2018), y País sin moscas y otros poemas (2020). Textos de su autoría  han aparecido en revistas literarias, tales como Otro Lunes (Alemania), Linden Lane Magazine, Conexos, Nagari (USA.), Crear en Salamanca (España), Altazor (Chile), Hiedra, (México) y El caimán barbudo (Cuba), entre otras. Aparece en numerosas antologías internacionales. Ha obtenido dos premios editoriales “Carmen Luisa Pinto” en narrativa y poesía, así como también la distinción “Pluma de Plata” y el “Florida Book Awards” (2017).



EL PACIENTE

 

                  El sol parece que tuviera una mirada

                                        Antonin Artaud


Y ese sabor antiguo

a ajo en la garganta

y el ruido de la camilla

sobre el piso desnivelado

de un hospital de pobres

donde no se cura nadie.


Y volver en ti, otra vez,

luego del sopor inducido,

con las sienes calcinadas,

a los mismos temores de siempre.


Y enfrentar la vida ahora

con menos células corticales

bajo la prescripción facultativa

de no dejarte pensar

en el deseo abismal

de renunciar

a todo…


Mientras unos ojos

imploran

que te salves.

 

 

SUCESIÓN Y LÍMITE

 

                              Para Alejandro Fonseca

                                         In memoriam

 

Las flores de la primavera

visten las nieves del último invierno.

La fiel convergencia del día hacia el ocaso

y todas las fases de la encantada luna

anuncian la epifanía del próximo sol.

Una mujer gime su dolor.

El regocijo de la vendimia y el vino de la celebración.

Una nueva arruga que se asoma al espejo de tu rostro.

Las fotos que cuentan, otra vez, una historia de ancestros.

La extraña felicidad de un poeta que yace en una cama de

                                                                               hospital,

rodeado de amigos, ante el umbral de una muerte

                                                                       insospechada.

Un libro que se cierra como un golpe en la sombra

                                                                  otro que se abre

y esta finita sucesión de versos.

Todo acontece en la esfera de un reloj sin números.



EL PEZ ABISAL

 

Vive confinado en las profundas aguas de la noche abisal.

Se mueve majestuoso en el agua

y nos muestra toda su fealdad de espanto

bajo el reflejo de su propia luz iridiscente.


Admirable criatura el pez abisal:

símbolo de todo lo que no podemos comprender.



LOS PERROS Y LA LUNA

 

                       Ilión fue, pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe.

                                                        J.L. Borges

Los techos herrumbrosos

los clavos puras piedras

las piedras puras almas

                              penando.


La ciudad se deshace en mil pedazos.


El mármol se ha quebrado por el llanto

de los huesos tristes, sin flores

                                                 ni epitafio.


No hay olor a leche quemada en el fogón

ni almendras que cascar con una piedra

y no se escucha la voz del pájaro cautivo.


La ciudad se deshace en mil pedazos.


Quizás se haya salvado el firmamento

donde suelen cruzar miles de estrellas

como las que una noche inmemorial

                                                 guardara.

Hoy bebo una taza de café amargo

en un lugar ajeno que se llama exilio.


Y mi corazón palpita fuertemente

mientras los perros aúllan a la luna.




LOS PERROS Y LA LUNA

 

           Ilión fue, pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe.

                                      J.L. Borges

 

Los techos herrumbrosos

los clavos puras piedras

las piedras puras almas

                                  penando.

La ciudad se deshace en mil pedazos.


El mármol se ha quebrado por el llanto

de los huesos tristes, sin flores ni epitafio.


No hay olor a leche quemada en el fogón

ni almendras que cascar con una piedra

y no se escucha la voz del pájaro cautivo.


La ciudad se deshace en mil pedazos.

Quizás se haya salvado el firmamento

donde suelen cruzar miles de estrellas

como las que una noche inmemorial guardara.


Hoy bebo una taza de café amargo

en un lugar ajeno que se llama exilio.


Y mi corazón palpita fuertemente

mientras los perros aúllan a la luna.


Félix Anesio



11Mar
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