11 Mar
11Mar

Poeta española. Asidua invitada a los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran anualmente en Salamanca, en cuyas antologías se recogen sus poemas. Tiene publicados una decena de poemarios, como La charca de los lirios (1994), Mujer (1996), Tiempo de silencio (1999), Las voces (2003), En la alameda (2004), El ático vacío (2009), Inefable tierra (2010), Treciembre existe (2011), Las moiras (2016), Nosotros (2018),  entre otros. Su poesía ha sido traducida al italiano, croata, búlgaro, árabe y portugués. Los poemas anteriores proceden de Inefable tierra.


Os aseguro

que mi garganta dormida se ha puesto hoy a cantar,

a pesar de que el camino sea corto los pasos por el sendero

se clavan, y ante la mañana ilusionada me siento cerca

de todas las horas juntas.

Voy en busca de una gota más de vida,

y mis ojos se clavan en la pared del temblor

atizado en llantos. Se desnuda la voz

y crece la blancura de las nubes,

se abre el cielo de los mares al arrullo, los versos

desatan el sueño de todos los caminos.

Borrada ya la nieve la languidez del refugio

abre sus puertas para que penetre por las paredes

sobredosis de claridades.

En ese lugar los árboles dejan caer sus hojas,

y en el rincón tranquilo las ilusiones ven pasar la tarde.

En el último relente un enjambre de tiempo marchitado

cabalga la dura realidad del verano cargado de destino.

Voló, y sin querer acaso murió aquella mariposa.

Desde aquel día siento una inmensa ternura,

una emoción sin color y un abismo de lágrimas.


                           °°°°

 

Dejadme la voz.

Dejadme un instante más de vida,

que a mí corazón y mi ansiedad le faltan horas

hasta que deslumbren de sequedad mis ojos.

En este laberinto cualquier pregunta indagadora

hará provocar la respuesta honda y acertada.

Ahora conozco a fondo las aletas de mi locura,

el salitre de mi boca aprendido de memoria.

Cuando a la poesía la asaltan imágenes

que rodearon nuestra vida, la derrota nunca calla.

Todo un océano de brisa y espuma se derrocha

hermoseando tardes de gloria y tules a lo lejos.

Dejadme la vida, que quiero hundirme en la arena,

hasta silenciar mi destino callado y frío.

Seguiré entregada a mis poemas escondida al trasluz,

de esta tierra mía con recortes de mar en calma.

A mi albedrío quedaré callada como una roca.

Seré la carga emocional de este libro que respira el aíre,

y se adueña del delirio de mi corazón.

Dejadme nuestra lengua, la que conocí al pronunciar

mi nombre, o cuando creí llegar

a la cumbre de todas las palabras.

Dejadme vuestra verdad.

Y dejadme en paz.


                      °°°°

Voces

de los poetas nuestros que hemos conocido,

admirado, tratado y querido. Nada tan necesario

como sus presencias y sus voces.

Los poetas son criaturas distintas con la facultad

de nacer y de morir todas las madrugadas.

Un mismo poeta,

puede aparecer a nuestro lado varias veces,

e írsenos de las manos otras tantas

solo en el breve trascurso de una tarde.

Y es que la vida como el amor tan ligado a la poesía,

tan formando parte de los poetas es y será

la razón por la cual todo queda dicho y justificado.

La poesía cada vez más necesaria en esta sociedad nuestra,

poesía para no juzgarse a través de los criterios.

Agarrémonos fuertemente a los sentimientos de la divina locura,

los que puedan o podamos escaparemos y nos olvidaremos

de todo junto al mar, o en algún refugio lejano.

Y que hable la poesía,

de cómo respirar sin soltar una lágrima.

El misterio cuando se desborda ignora los perfiles

del ayer, el vigor de la canción que se termina.

Aquellas canciones aprendidas cuando la ternura

siempre en boca. Aquellas canciones reclaman

el sonido derramado difícil de igualar.


                °°°°


Se llega al fondo de la vida

entre candor y besos escondidos,

entre ahogos suspiros y perdones

deriva la batalla.


Hemos pecado y perdonado

hasta la imaginación más severa,

hemos vivido en el contraste

de los siglos,

tragando palabras y llorando hacia

adentro.

Robamos el último abedul

deterioro de nuestra sombra,

y en él la fuerza de las noches,

las tormentas sin sol,

la lluvia borrando gestos.


Nadie conoce las señas de la vida.

Nadie está seguro cuando escucha

su propia historia

en boca de otros labios,

palabras que no se repiten

porque son impronunciables.

.

                 °°°°


En la carpeta gris de la memoria

se quedó el tesoro de la vida,

los recuerdos escondidos,

en el empedrado dolor

de las respuestas.


Y cierras los ojos y escuchas.

No hay más que lo que vives.

Ni hay más agua que el espejo

del mar cuando la noche.

Aquí se lucha en la despedida

de un abrazo,

se aprende a besar en vilo

entre las hojas sedientas de un trébol.


Hasta que un rayo intrépido

despierta a los pájaros,

volarán en bandada,

sin saber dónde posarse.

Y volarán bajo el remanso

del río que no existe

puro engaño sin corriente.

La búsqueda será otra tierra

donde no viva nadie.



Araceli Sagüillo García

11Mar
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