Ensayo literario


18 May
18May

EL ARTE POÉTICO LÍRICO VERBAL, AFIRMADOR DE LA VIDA 


 Introducción 


     El célebre filósofo alemán F. Nietzsche (1844-1900) continúa siendo uno de los pensadores más influyentes en Occidente. Él también es quizás el filósofo que más debate y desconcierto ha causado por razón no solo de su ateísmo, nihilismo —pérdida de todo sentido y desvaloración de los valores supremos y de la vida misma; se pierde el centro para ir a X— y crítica radical contra la moral y los valores sobre todo cristianos,  sino también de la ambigüedad de su pensamiento. Así, se han dado múltiples, así como también incorrectas interpretaciones de su pensamiento. A lo anterior se suma que, según algunos autores, la interpretación que Martín Heidegger (1889-1976) hace del pensamiento tardío del filósofo alemán en su obra Nietzsche (2000 I) —a la cual sigo muy de cerca en este ensayo— pareciera ser, entre otras cosas, arbitraria y se vale de este pensador para afirmar sus propias teorías;  en otras palabras, Heidegger no pareciera hacer justicia a Nietzsche, a quien considera platónico y el último metafísico. 

    Pretendo en este ensayo una apretada síntesis descriptiva de una de las perspectivas que Heidegger interpreta de Nietzsche: la del arte en general. A partir de dicha síntesis pretendo también plantear una breve y propia reflexión sobre el arte poético lírico verbal. No espero realizar —eso creo— síntesis académica dura ni completa,  ni describir las ideas propias de Heidegger sobre el arte, aunque, en su trabajo, es difícil diferenciar entre las perspectivas de Nietzsche y las suyas.  

    

Proposiciones sobre el arte en general: el arte como voluntad de poder


   “La voluntad de poder como arte” es el título del primero de los dos tomos de la obra de Heidegger compuesta del primer conjunto de sus lecciones universitarias impartidas en 1936-1946 sobre trabajos preparatorios y desarrollos fragmentarios el pensamiento de Nietzsche para su obra Voluntad de poder; en este tomo incluye “las cinco proposiciones sobre el arte” como una de sus lecciones. Como el título lo anuncia, el concepto nietzscheano de arte está muy relacionado con la compleja idea “voluntad de poder”. ¿Cómo ve y determina Nietzsche la esencia del arte? ¿Cuál es la relación de tal voluntad con el arte en general? ¿Qué, en fin, significa “voluntad de poder”? Responder estas preguntas exige tener siempre en mente el presupuesto clave de Nietzsche: la esencia fundamental de todo ente en tanto tal (el ser del ente), pero también del hombre es la voluntad de poder, es decir, todo ente es voluntad de poder ser; esto es porque esa voluntad está en la base de todo y es un devenir o deseo de incrementar poder en la naturaleza. 

   La primera proposición está relacionada con el ser del artista. En este ente, el artista, el ser nos ilumina de modo más claro e inmediato, pues ser artista es un poder-producir, es decir, llevar a ser algo que todavía no es; por eso, la primera proposición específica es que “el arte [y el artista] es la 

forma más transparente o clara y conocida de la voluntad de poder”; en otras palabras, es en el arte y el artista donde se puede encontrar el modo más claro y conocido de la voluntad de poder. 

    La segunda, “el arte debe ser comprendido a partir del creador y productor y no desde el receptor”; en otras palabras, el arte tiene que comprenderse desde el artista, no desde el receptor, el que da vida al arte, quien emite juicios estéticos pensando que son válidas para todo mundo. 

     Para Nietzsche el concepto de arte y de obra de arte se extiende a todo poder de producir y a todo lo esencialmente producido; en este sentido, el artesano y la naturaleza, por ejemplo, son artistas en la medida en que son productores.  Arte no tiene aquí el sentido estrecho actual, con el significado de “bellas artes” como producción de lo bello en la obra, ellas son solo un tipo de arte entre otros; conforme a este sentido ampliado de artista, la tercera proposición es que “el arte es acontecer o tarea fundamental o actividad metafísica de la vida de todo ente; el ente es, en la medida que es, algo que se crea así mismo, algo creado”. Que el carácter fundamental de todo ente sea arte no quiere decir otra cosa, sino que es voluntad de poder. 

    En contraposición con Platón, quien consideraba que el mundo sensible (el mundo y vida real) es solo apariencia, Nietzsche afirma que este mundo sensible es el verdadero, pero que el arte es lo sensible o real; por eso para él, el arte es la única contrafuerza frente a toda voluntad de negación de la vida en continuo devenir, con lo cual llegamos a la cuarta proposición: “el arte es el contramovimiento por excelencia frente al nihilismo”.  Esto es porque el arte, expresión y representación de los sentimientos del ser humano, está ligado a la vida.

     Según Nietzsche, el arte tiene más valor que la verdad (el mundo suprasensible/metafísico que Platón consideraba el verdadero); con esto Nietzsche quiere decir que lo sensible (el mundo real) es superior y más propio que lo suprasensible (la verdad) que arrastra la vida a un debilitamiento y, en última instancia, a la decadencia [y fábula (ver Crepúsculo de los ídolos)]. Pero el arte (que es más valioso que la verdad en el sentido señalado) impide tal cosa; de esta relación entre arte y verdad se desprende la quinta y última proposición: “el arte tiene más valor que la verdad”. 

       Estas cinco proposiciones nos recuerdan, afirma Heidegger (2000 I, p. 81), que para Nietzsche el arte es el “mayor estimulante de la vida”[ver Crepúsculo de los ídolos]; pero, según Heidegger (misma obra y página), esta manera cómo Nietzsche ve al arte significa que este es una forma de voluntad de poder. ¿Por qué? “En efecto”, concluye Heidegger (misma obra y página), “‘estimulante’ es lo que impulsa, lo que intensifica, lo que eleva más allá de sí, el ‘más’ de poder, o sea, simplemente, el poder, es decir: la voluntad de poder. Por eso, la proposición que el arte es el gran estimulante de la vida no puede simplemente añadirse a las cinco proposiciones anteriores, sino que constituye más bien la proposición fundamental de Nietzsche sobre el arte. Las otras cinco no hacen más que explicitarla” (Énfasis suyo). Según Heidegger, si lo entiendo bien, Nietzsche no hace más que redundar en lo mismo: que la máxima manifestación de la voluntad de poder se da en el arte (y en el hombre) por estar en relación continúa con la vida y el mundo 

sensible/real. Pero, ¿qué significa “voluntad de poder”? Un concreta y final respuesta no es fácil. Procurando aclarar el significado de tal expresión, Heidegger (2000 I, p. 46), acota:

…para anticipar ya lo decisivo: ¿Qué entiende el propio Nietzsche con la expresión «voluntad de poder»? ¿Qué quiere decir voluntad? ¿Qué quiere decir voluntad de poder? Estas dos preguntas son para Nietzsche sólo [sic] una; porque para él la voluntad no es otra cosa que voluntad de poder, y poder no es otra cosa que la esencia de la voluntad. Voluntad de poder es, entonces, voluntad de voluntad; es decir, querer es: quererse a sí mismo.

      La expresión “voluntad de poder” no significa, pues, que, conforme a la opinión común, un deseo de dominar al otro, sino, en suma, “ser dueño de sí mismo”; un querer ir más allá de sí o nosotros mismos; voluntad, temple de ánimo que se desea incrementar a fin de conservarse, autoafirmarse y plenificarse, sin dejarse determinar por nada.  Esto es porque “de poder” no es una añadido a la voluntad, sino una aclaración de la esencia de la voluntad misma.


 ¿Qué del arte poético lírico verbal? 


       Al menos el Nietzsche filtrado de Heidegger no parece que habla explícitamente de ese otro arte creado no de la nada, sino a partir del lenguaje:  el poético lírico verbal. Pero es posible, de algún modo, una aplicación al mismo e incluso a su artista. Y si tomamos el presupuesto esencial de Nietzsche, el arte es el mayor estimulante/afirmador de la vida o, lo que es lo mismo, es voluntad de poder en el sentido que él le da como un ir más allá pro conservación, autoafirmación y plenitud, tenemos que decir que el arte poético lingüístico también es voluntad de poder crear del poeta. 

      El arte poético lírico verbal está conformado de dos elementos en tensión o equilibrio analógico que no se anulan entre sí:  uno interno inmaterial (emoción/evocación) y otro externo material (la razón, visualizada en la forma o estructura, de la mejor manera lograda, vanguardista o no), donde vuelca la primera.  No es con el primero únicamente, sino con ambos elementos que el artista y su obra pueden ayudar a extender el conocimiento de sí mismo y de la realidad,  y generar a la vez algún efecto poético sensorial placentero, análogo al del artista, en el alma del receptor/lector, y evitar que su obra sea un simulacro; ya Nietzsche mismo ha dicho que el arte no puede carecer de fin: debe estimular la vida. De este modo, la poesía cumple una función concreta en la existencia humana. La emoción inmaterial e inefable se sirve de la forma material bella para cumplir su cometido y llegar a ser lo que es: voluntad de poder. La emoción por sí sola, al menos en el arte poético, es incomunicable e incapaz de objetivarse y de hacer justicia a la forma  ni al principio hermenéutico de interpretación de que el conocimiento, expresado a través del lenguaje de la metáfora, del símbolo, en general del lenguaje análogo a la realidad sensible (que está del lado de

la conjetura de esta), y el sentir (experiencia estética) de un poema hay que palpar y sentir a ambos holísticamente, es decir, en sus dos elementos y en todos sus versos. De ahí que haya mejores conjeturas que otras, mejores poemas que otros, en tanto que unos nombran mejor la realidad y no dejan al lector en la indiferencia volitiva y emocionalmente; son los mejores que permiten ampliar el horizonte de comprensión de un aspecto de la realidad humana, en tanto que otros no lo logran; por supuesto, no hablo aquí de la antipoesía de N. Parra ni de la poesía intelectualizada. ¿No es acaso esto que en un certamen calificado de poesía permite el triunfo a la mejor expresión?

    Así, el arte poético lírico verbal y el poeta lírico expanden su ser hacia la plenitud o develación de sus capacidades (Heidegger diría develación de la verdad o del ser). Humanamente hablando, el crear del poeta es un ejercicio vital que no solo plenifica y sensibiliza al lector y conmueve sus afectos, sino que también le proporciona conocimiento, y proporciona “ser” a lo que aún no es: el poema. Por eso, el arte poético lingüístico no debiera verse como un apéndice ni algo ilusorio (“¡Ah, eso es pura literatura!”) e irrelevante y ajeno a la vida, la cultura y a la gracia de Dios;  el arte es necesario en la vida y cultura como afirmador de la vida, pese a verdad actual: la tiranía del lenguaje científico técnico, de la racionalidad instrumental y de las especialidades que creen decir todo sobre la realidad por medio del lenguaje considerado claro y objetivo (unívoco), pero que promueven o encubren la depravación y muerte del ser y de su medioambiente.  La frecuente acusación que a los poetas líricos le hace el pragmatismo de ser seres irrelevantes a su contexto, olvida el modo cómo ellos  nombran, mimetizan o representan la realidad, y que redescriben otras realidades alternativas a la actual, aun cuando, por ser líricos, hablen de su propio yo.

     Aquí, creo yo,  está la misión sublime de la poesía, del poema y del buen poeta, incluso del místico  quien desea cantar en lenguaje humano lo inefable (Dios) mediante apenas balbuceos: perfilarse como una fuerza embriagada de vida contra el nihilismo del Occidente actual. Y está también la misión de la cultura en general, incluyendo la cristiana: darle la recepción que merece.


 

 1 La moral, decía Nietzsche —nacido de padres cristianos luteranos—, es un producto de los hombres inferiores y tiende a castrarlos o aniquilar sus pasiones, por causa de la estupidez existente en ella; ver su obra Crepúsculo de los ídolos. 
 2 Hay sectores intelectuales heideggerianos, sostiene Vattimo (2002, p. 270), que no aceptan o aceptan solo en parte la interpretación de Heidegger, uno de los filósofos alemanes más destacados del siglo XX. 3 Esto último porque aquí no dialogo directamente con esa otra obra primera de Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, donde ve el arte desde  la perspectiva de la vida.4 Este nihilismo, propio de la historia occidental, es causado, según Nietzsche/Heidegger, por la ciencia, la religión, la moral,  etc. que pretenden poseer la verdad, o las  instancias a partir de las cuales se imponen los valores (Heidegger). 
  5 Esta idea dinámica de la vida de ser dueño de uno mismo como ser humano es una idea emocional y es lo que, según algunos intérpretes de Nietzsche, está en la base de su antropología/metafísica del superhombre.
  Crear de la nada le corresponde solo a Dios en su Trina manifestación. Ciertamente 6 hay quienes ven que la filosofía del arte de Nietzsche es toda una filosofía del crear, una metapoética; es que hay conexión entre filosofía y poesía. 
  Es decir, se da una relación dialéctica entre ambos elementos opuestos, pero, como  7 es propio de la analogía, sin reconciliarse en una síntesis nueva superadora. En la analogía los opuestos coexisten.   8 Aunque el lenguaje del poeta y su obra, como todos sabemos, es diferente al científico o al género ensayo, no sería acertado afirmar que el lenguaje de uno es enunciativo y del otro emotivo. Esta división dual es improcedente, si bien hay diferencias entre ambos lenguajes, como el que el poético es más rico que el científico el cual caracterizado por pretender la precisión (univocidad); ver Álvarez Tavares (2013, pp. 228, 232).
 9 La capacidad de poetizar como un don de la gracia de Dios u oficio sagrado es un tema todavía por explorarse, solo lo menciono al recordar que Platón la denominaba “locura divina”. 
 10 Por eso, algunos, como Víctor Hugo, han llamado “profeta” al poeta. Uso aquí el término “verdad” no en el sentido nietzscheano; aunque no comparto el ateísmo de Nietzsche (y con ello su negación del mundo metafísico) y considero que el afirmador por antonomasia de la vida es el Verbo Divino Encarnado, coincido con él de que el arte es afirmador de la vida.
 11 Por poeta místico entiendo al poeta que canta lo inefable (Dios) no únicamente en lenguaje religioso explícito, sino también en lenguaje profano o convencional de su cultura. También por esto pienso que el poeta es un encarnado de la sociedad e historia, no necesariamente porque haga crítica y denuncias políticas a través de sus versos como si su misión fuese salvar o cambiar al hombre o al mundo, no mimitizarlo, representarlo o nombrarlo (O. Paz). 

Referencias   

Álvarez Tavares, O.J. (2013). La poesía, el poeta y el poema, una aproximación a la poética como                              conocimiento.  Escritos 46, 223-243.

 Heidegger, M. (2000). Nietzsche I. (J. Luis Vermal, trad.). Barcelona, España: Ediciones Destino, S.A.

Nietzsche, F. (1988). Crepúsculo de los ídolos. (A. Sánchez Pascual, trad.). Madrid, España: Alianza Editorial.

Vattimo, G. (2002). Diálogo con Nietzsche, ensayos 1961-2000. (C. Revilla, trad.). Barcelona, España:                          Paidós.


George Reyes

Poeta, ensayista, editor, crítico literario ecuatoriano-mexicano; fundador de la Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana (AVPL) y de la revista AVPLA-Revista de Poesía.





18May
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