EDITORIAL


18 May
18May

La poesía lírica sirve al conocimiento y la cultura

     Al presidente de la Federación de Gremios de Editores de España en una ocasión se le preguntó que cuál de las crisis es más grave, la económica o la de lectores. Él respondió que ambas y que también lo era la de la educación, ya que esta, que quizás sea la mayor, es la base de la primera. Aunque mejore la economía, afirmaba aquel presidente, si no hay lectores no habrá ningún efecto positivo en las cifras del sector, puesto que la educación y la cultura son factores de gran importancia para la creación de una sociedad desarrollada con capacidad para adaptarse a los retos que le vayan planteando los cambios sociales y ahí, el libro y la lectura tienen un papel esencial. Es importante, concluía el entrevistado, apostar por la cultura y la educación para construir una sociedad y una economía que crezca y se adapte a los nuevos tiempos; por lo tanto, una sociedad con lectores será una sociedad más rica en todos los sentidos.

     Ese ha sido parte de nuestro cometido. Diré algo que siempre he afirmado en mis ensayos que podría sonar a presunción: el buen arte, incluyendo el poético, es un modo de conocimiento y de belleza que permite al poeta no solo sensibilizar al lector, sino también hacer acto de presencia en el mundo y aportar comprensión sobre el mismo. Esto, aun cuando el arte poético no sea en todos los casos un arte político descriptivo o de compromiso social explícito; no obstante, a  través del modo singular como el que los poetas, sobre todo líricos, describen con arte su mundo interior, examinan  la condición humana, sus luces y sombras,  y ponen a luz la más alta sensibilidad que mueven el hombre y su modo sublime de pensar, incluso sobre lo cotidiano. El hombre es cuerpo y es espíritu, y la poesía un trabajo de nuestro cerebro y de nuestro sentimiento.

      Dado lo anterior, la poesía no debiera ser vista como algo irrelevante (“¡Pero si es literatura lo que escribe!”), si bien ella siempre ha estado apartada de los círculos del poder  y de la influencia. Y esto los poetas lo sabemos. Es que pareciera haber cierta tendencia actual, incluso en la literatura y en la teología, de que solo importa lo cuantificable, lo pragmático, lo comprometido o lo profético políticamente hablando, aunque todos deseamos un cambio en nuestra caótica realidad social; sin embargo, ni la poesía ni el discurso teológico como tal han cambiado hasta hoy la realidad social ni siquiera la individual.  Aunado a lo anterior está el reino de la tecnocracia, la devaluación de la memoria del pensamiento y otras cosas que, como dirían los filósofos, pretenden destruir al ser y, con ello, su capacidad sensitiva, conciencial y pensante de arte literario.

    ¿Y qué decir de la crisis reinante de la literatura actual? Prácticamente, hoy cualquiera puede publicar; con todo, esto no es lo objetable, puesto que la posibilidad de iniciar una carrera literaria es un derecho de todos y todo mundo puede leer lo que considere conveniente. Sin embargo,  tarde o temprano llega el filtro, pues no todo lo que se publica podría ser auténtica literatura o poesía y en esto no hay concesiones.


George Reyes

Editor/Director

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